sábado, 3 de diciembre de 2011

AMÉRICA LATINA ES UNA GRAN NACIÓN DIVIDIDA



ENTREVISTA A LUIS BRITTO GARCÍA POR HERNÁN CANO
1) ¿Hay en la historia esfuerzos y proyectos de integración continental como el que propone la CELAC? ¿Se trata como aseguran algunos analistas de la concreción del sueño de Simón Bolívar? ¿Unidad e integración son sinónimos?

-Pues los dos imperios que conquistaron lo que es ahora América Latina y el Caribe fueron integradores. España y Portugal fundaron grandes cuerpos políticos, además culturalmente integrados por la religión cristiana, y por dos lenguas romances. Todos los próceres independentistas proyectaron grandes entes unificadores. Francisco de Miranda propuso un Incanato republicano extendido desde el Río Grande hasta la Patagonia. Bolívar creó la Gran Colombia con lo que ahora es Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador, y en 1826 convocó el Congreso Anfictiónico de Panamá para crear una confederación americana. José de San Martín no dudó en cruzar los Andes, independizar Chile e iniciar el proceso emancipador en Perú. Augusto César Sandino formuló otro proyecto de unión latinoamericana. Estados Unidos intentó cooptar estos proyectos con organizaciones bajo su tutela, como la Unión Panamericana y la OEA, y con pactos en su exclusivo interés, como el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca. Por otra parte, hay que especificar que integración supone acercamiento entre entes que se consideran diferentes y mantienen en gran parte su autonomía. Unión significa fusión. La integración es un buen camino hacia la unión.


2) ¿Cuáles son hoy las condiciones favorables que no tuvieron nuestros Libertadores hace 200 años y cuáles las amenazas que se presentan en una integración de las características de la que está por ponerse en marcha en la CELAC?

-Las condiciones favorables consisten en que tenemos la emancipación política, que costó tanta sangre. Además, como consecuencia de movilizaciones sociales masivas e irresistibles, buena parte de los gobiernos latinoamericanos y caribeños han ido tomando una orientación progresista, contraria a las hegemonías imperiales. Gracias a ello derrotamos al ALCA, que pretendía convertir al hemisferio en una zona exclusiva de libre comercio para Estados Unidos. Nuestros gobiernos han iniciado políticas de apertura comercial hacia Rusia, China, India y el Sureste Asiático, que han roto el cuasi monopolio mercantil estadounidense y europeo en la región. Las amenazas contra la Celac estriban fundamentalmente en la oposición de Estados Unidos y de algunos gobiernos regionales que están ligados a ellos por tratados de libre comercio, toleran bases militares estadounidenses en sus territorios y en líneas generales se subordinan al Consenso de Washington. Por ejemplo, se hablaba mucho de un “Eje del Pacífico” que integra a México, Colombia y Chile, y que se quebró con la victoria de Ollanta Humala en Perú.

3)La mayoría de los proyectos de integración, salvo pocas excepciones, terminaron siendo la integración de los proyectos de nuestras burguesías, cuando no un proyecto directamente imperialista destinado a quebrar el equilibrio de fuerzas regional existente. En ese marco, la integración cultural ha quedado relegada o ha estado ausente en las agendas de la mayoría de los foros. ¿La CELAC podrá romper esa tendencia? ¿Se lo propone? ¿Cuán importante es que el tema cultural forme parte de sus principios y políticas?

-Pues sí, la Unión Panamericana desde 1889 o la OEA desde 1948 o fantochadas como la Alianza para el Progreso de Kennedy o la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio o el Mercado Común Centroamericano a la larga favorecieron a burguesías proestadounidenses. Incluso algunos grandes proyectos de integración económica, como la Comunidad Andina o el Mercosur, han operado como alianzas aduaneras entre empresarios, a veces generosamente abiertos a capitales foráneos. Entre el sesenta y el setenta por ciento de las inversiones en el Mercosur en unos quince rubros industriales, son de la Unión Europea. El ALBA intenta una integración económica, social, política y cultural basada en los intercambios compensatorios y no meramente en el comercio. La CELAC podría seguir ese rumbo, y funcionar en interés de la región en muchos ámbitos. Por ejemplo, seguramente heredará el Consejo de Defensa de Unasur, para tratar nuestros problemas estratégicos específicos. También podría avanzar proyectos tales como el Banco del Sur o el Sucre. Es trascendente en todo caso que se forme una unión continental con exclusión de Canadá y de Estados Unidos. Por otra parte, en efecto se ha prestado mucha atención a la libre circulación de bienes económicos, y bastante menos a la integración cultural, que es el verdadero fundamento de todos nuestros proyectos unitarios. Los productos de las industrias culturales estadounidenses cubren el mundo, y nosotros a veces no tenemos acceso a la literatura, el teatro, el cine o la plástica de los países vecinos, a pesar de nuestras afinidades. No es muy usual que convivan en un mismo territorio continental de unos veinte millones de kilómetros cuadrados unos 540 millones de habitantes unidos o por lo menos comunicados por dos lenguas preponderantes, una religión absolutamente mayoritaria y sincrética y por valores compartidos. La convicción de que América Latina es una gran nación dividida por fronteras políticas terminará por borrarlas.

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